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El Sr. Ainaud opina que el tema es diferente a como se ha planteado, ya que se trata de actualizar un acuerdo del año 1931 -acuerdo que no figura en el expediente, formado únicamente por una simple fotocopia del escrito de la Fundación Ferrer Guàrdia pidiendo dicha actualización-, cuando la situación actual no es la de aquel año, ya que ni una sola de las fuerzas políticas de entonces está representada hoy en el Consistorio. Le sorprende que en los años de Ayuntamiento democrático durante la República, este acuerdo no se hubiese ejecutado, y que en los últimos diez años de recuperación de los ayuntamientos por las fuerzas democráticas, tampoco se haya hablado de actualizarlo. Puntualiza que el Grupo de Convergència i Unió y el mismo, como han demostrado siempre y en todos los regímenes políticos, son absolutamente contrarios a la pena de muerte, la aplique quien le aplique, ya que el asesinato tanto puede ser encubierto por unos como por los otros, lo cual no se puede decir igual de todos. También quiere aclarar que, al margen de los posicionamientos un poco pasados de moda de derechas e izquierdas, impropios de este Consejo Plenario, el tema en debate tiene unas implicaciones formales y de fondo que es necesario tratar. Considera que la Sra. Mata ha hecho un buen resumen de la vida de Ferrer Guàrdia, mientras que la Sra. Capmany lo ha hecho, un poco más apasionado, de la persona que tuvo la postura más ejemplar del momento de la Semana Trágica, es decir, del gran poeta, gran periodista y gran ciudadano que fue Joan Maragall, al cual sí que se tendría que levantar un monumento, que tendría el apoyo de su Grupo y, está seguro, el del Consejo Plenario y de toda la Ciudad.
Cree que si ahora se trata este tema, es porque lo ha pedido una Fundación, pero el Ayuntamiento ha de tener un criterio propio sobre a quien se ha de dedicar un monumento, ya que si se tratara de un acto de desagravio, de perdón o de recuerdo, no encontraría ningún inconveniente, porque todas las personas que han muerto por una causa merecen un recuerdo, pero la figura y la obra de Ferrer Guàrdia no le parece que sean merecedoras de un monumento en la ciudad de Barcelona antes que lo tengan muchos otros ciudadanos y muchos otros pedagogos, como, por ejemplo, Josep Pallach, Pau Vila o Artur Martorell, que se lo merecen mucho más. Añade que una persona como su propio padre, ha tenido el recuerdo del Ayuntamiento, que él agradece, para continuar la voluntad de hacer un patronato y dar a conocer en un libro su vida dedicada al servicio de la ciudad, pero lo que no es necesario es hacer un monumento con piedras y bronce, porque el mejor homenaje a los pedagogos es continuar su tarea. Opina, en cambio, que tendría que haber un debate sobre escuelas y sobre edificios escolares, porque una ciudad se hace grande cuando se preocupa de la educación, mientras que levantar monumentos no es quizás lo más oportuno; que traer la copia del monumento de Bruselas dedicado a Ferrer Guàrdia tendría que hacerlo la Fundación, si se quiere con el apoyo del Ayuntamiento, pero el Consejo Plenario no tendría que refrescar las cosas del año 1931, ya que si se hiciera igual con otras de la misma época, muchas serían muy difíciles de realizar. Matiza que la posición de su Grupo sobre esta propuesta no depende de una cuestión formal, sino que, rechazando la forma como fue asesinado Ferrer Guàrdia y todas aquellas otras personas que también lo fueron para defender una causa, cree que una decisión como esta atañe al Alcalde; y como que la cuestión tiene un tono político determinado que su Grupo no comparte, se pronuncia por la abstención, reiterando la condena a cualquier asesinato por disfraz legal que tenga, como tuvo el de Ferrer Guàrdia.
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