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Los asistentes pudieron escuchar los discursos de Portet, sucesor de Ferrer en la dirección de su obra, de Paul Janson, de Tarrida del Mármol, de G.Lorand i de Léon Furnemont.
Sin embargo, no hubo representación del Consejo Municipal de Bruselas. Esta ausencia respondía, sin duda, al deseo del Embajador de España de que no hubiese ninguna autoridad belga en la inauguración del monumento. El 22 de octubre de 1911, el Embajador de Bélgica había escrito a Davignon, Ministro de Asuntos Exteriores, para comunicarle el malestar que causaba en España la inauguración del monumento a la memoria de Ferrer. Esta carta explicaba que el alcalde Max había mantenido una entrevista con el Embajador español para comunicarle que era imposible impedir la inauguración del monumento. Teniendo en cuenta que no podía impedirla, su ausencia daba fe del malestar en que se encontraban las autoridades belgas (19).
P.Sangro confirma nuestra idea cuando explica que la ausencia había sido acordada por los representantes municipales por unanimidad. Los liberales belgas habían declarado que no tenían la intención de dar lecciones a sus homólogos españoles que estaban en el gobierno de España. Los socialistas pensaban lo mismo, y si asistían a la inauguración lo harían a título personal y no como representantes municipales (20).
El gobierno español agradeció este gesto y su Embajador, Merry del Val, así lo manifestó al Ministro de Asuntos Exteriores. Canalejas se dio cuenta de las dificultades ante las cuales se hallaba el ministerio belga (21).
Como hemos podido ver, el monumento a Ferrer molestó al gobierno español hasta el punto que el Rey Alfonso XIII rechazó visitar la exposición de Gant (1912) porqué las manifestaciones en honor a Ferrer no le habían gustado (22).
El año 1914, a consecuencia de una interpelación de Maura en las Cortes sobre el mantenimiento del monumento a Ferrer, se anunció en Madrid que una delegación presentaría una protesta dirigida a las autoridades belgas. El Barón Grenier, Embajador de Bélgica, solicitó la intervención de Davignon para que este viaje no se realizara, y deseando que el monumento fuera olvidado rápidamente cuando afirmaba: "El monumento está destinado a caer en el olvido así como el personaje que quiere glorificar" (23).
Pero el monumento aun dará mucho que hablar. El 27 de enero de 1915 los alemanes lo retiraron. Maurice Lemonnier, alcalde en funciones debido a la ausencia de Adolf Max (24) describe en la sesión del Consejo municipal del 15 de diciembre de 1919, las circunstancias de este hecho (25). El 23 de enero de 1915, Maurice Lemonnier recibió una carta del General Von Kraewel que decía que el monumento había sido ensuciado, lo cual había provocado desconcierto entre la población y algunas concentraciones. Para evitar manifestaciones que no interesaban ni a la ciudad ni a la ocupación alemana, el Gobernador General ordenaba que el monumento fuese retirado (no destruido) (26). Lemonnier rechazó obedecer la orden aduciendo que sólo el Consejo municipal podía decidirlo, ya que era quien había decidido su construcción.
El 25 de enero de 1915, el Consejo municipal decidió oponerse a la orden alemana i hizo saber al Gobernador alemán que no era necesario sacar el monumento porqué el Consejo lo había hecho limpiar y un servicio de policía lo vigilaba para evitar las concentraciones. Los alemanes admitieron esta decisión i retiraron el monumento, guardándolo en un almacén del Quai de la Volerie.
Mientras tanto, Lemonnier había mantenido contactos con el Embajador español para informarle de la orden de retirada del Monumento. Aunque al gobierno español no le gustaba el monumento a Ferrer debido a sus inscripciones, el marqués de Villalobar pidió a las autoridades alemanas que reconsiderasen la orden de retirada. Las autoridades españolas no querían que se pensara que España se había aprovechado de la situación en que Bélgica se encontraba, bajo la opresión enemiga, para que se retirara el monumento (27). A pesar de esta intervención, los alemanes, que ya habían sacado la estatua, retiraron el pedestal.
Como se ha visto, la resistencia de la administración municipal fue enérgica. Por esta razón se pensaba que, al final de la guerra, el monumento volvería a su emplazamiento inicial. Este no fue el caso y la situación no gustó a los consejeros municipales socialistas y a los librepensadores.
El 17 de marzo de 1919, el Consejero Hubert preguntó porqué no se había reinstalado el monumento después de la partida de los alemanes (28). El alcalde Max pensaba que aun era prematuro y hacerlo sería hacer el juego a los alemanes. Según Max, estos tenían dos objetivos retirando el monumento: por un lado, querían suscitar la discordia entre los belgas, ya que sabían que la realización del monumento había provocado una viva polémica en el país. Por otro lado, querían ganarse las simpatías de España sacando una obra que no les gustaba. Los alemanes sabían muy bien lo que hacían cuando guardaron el monumento a Ferrer y habían calculado sabiamente el medio para acorralarlos hasta la situación delicada y molesta en que se encontraban (29). Para Max, la reedificación del monumento heriría las autoridades españolas y dado que España había ayudado mucho a Bélgica durante la guerra, se tenía que evitar esta situación. El Consejo dio su acuerdo al Alcalde.
Sin embargo, el Consejo general del Librepensamiento de Bélgica organizó (30) un mitin el 24 de septiembre de 1919 para pedir el restablecimiento del monumento. Esta reunión reactivó la cuestión e inquietó al Embajador de España, que escribió a Paul Hymans, Ministro de Asuntos Exteriores, para recordarle el mal efecto que causaban aquellas actuaciones en la opinión pública española (31). El 29 de septiembre, envió una carta al alcalde de Bruselas haciéndole partícipe del malestar creado en España por la noticia que volvía a haber movimientos para el restablecimiento del monumento a Ferrer. Aseguraba que el penoso sentimiento que había causado la construcción del monumento no provenía de la naturaleza de las ideas y de las doctrinas que quería inmortalizar, ya que estas también tenían seguidores en España, sino que la opinión pública española consideraba una afrenta la protesta en un país extranjero contra un juicio de un tribunal español instituido por un gobierno regular. Según el Embajador, no era la exaltación de las ideas de Ferrer lo que había herido y entristecido a los españoles sino la intromisión de un país amigo en un asunto que España consideraba de orden nacional. Pensaba que Bélgica consentiría un día a sacar el monumento como prueba de amistad y por esto había protestado oficialmente en nombre del gobierno español cuando el invasor extranjero lo hizo. El Embajador acababa su carta recordando lo que había sugerido a Lemonnier, o sea que los belgas donasen el monumento a los españoles, no para destruirlo sino para situarlo en España (32).
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19. M.A.E. Dossier 647 Espagne 1900-1916
Farde 1911-1914 doc.25.
20. P. SANGRO, La Sombra de Ferrer, Madrid,
1917, p. 330.
"Esta según se declaró oficialmente, fue
acordada por los miembros del Colegio por unanimidad. Los
miembros liberales declararan que no era de la incumbencia
de los liberales belgas dar lecciones a los liberales españoles
que ocupaban el Gobierno de nuestro país. Los socialistas
opinaron lo mismo, y solo dos manifestaron que si asistían
a la inauguración del monumento, lo harían a
título exclusivamente personal, y de ningún
modo en calidad de Consejeros municipales".
21. M.A.E. Dossier 647 Espagne 1900-1916
Farde 1911-1914 doc.27.
22. Ibid., doc.33.
23. M.A.E. Dossier 415 VI Madrid Divers
: Bruselas 4/07/1914, carta del Barón Grenier
a Davignon.
24. Adolphe Max estaba preso en Alemania.
25. Bulletin communal de la Ville de Bruxelles,
sesión del 15 dic. 1919, pp. 1301-1308.
26. Ibid., pp. 1301-1302.
"Au Collège échevinal de la Ville de Bruxelles,
Messieurs,
Ainsi qu'on me l'annonce, le monument Ferrer a été
sali en des proportions fâcheuses, par une main malveillante.
La souillure du monument, ainsi qu'on l'ajoute et que cela
résulte également de lettres adressées
à Monsieur le Gouverneur Général, a déjà
provoqué une émotion très considérable
dans une grande partie de la population, et déjà
amené des rassemblements. Comme cet événement
regrettable, dont la possibilité de renouvellement
n'est pas exclue, peut conduire à des démonstrations
(manifestations) qui ne sont ni de l'intérêt
de la Ville ni de celui de l'occupation allemande, S.Ecx.M.
le Gouverneur Général ordonne que le monument
Ferrer soit enlevé de son emplacement actuel.
A raison de l'importance de l'affaire, S.Exc.M. le Gouverneur
Général désire que l'éloignement
(non pas la destruction) ait lieu immédiatement, et
je vous prie de me faire une communication à ce sujet
(...)".
27. Bulletin communal de la Ville de Bruxelles,
sesión del 15 dic. 1919, p. 1305.
28. Ibid., sesión del 17 marzo
1919, p. 189.
29. Ibid., sesión del 17 marzo
1919, p. 190.
30. L'Indépendance Belge, 25 sept,
1919, Les libres-penseurs et le monument Ferrer.
31. M.A.E. Dossier 415 VI Divers, doc.4,
carta de Villalobar a Paul Hymans, 25 sept. 1919.
32. Bulletin communal de la Ville de
Bruxelles, sesión del 6 oct. 1919, p. 292.
"Une vive émotion s'est manifestée en Espagne
à la nouvelle qu'un monument se dessinait à
Bruxelles, dans certains milieux en faveur du rétablissement
du monument érigé à Francisco Ferrer.
Le sentiment pénible qu'avait naguère causé
l'érection de ce monument ne résultait pas de
la nature des idées et des doctrines qu'il s'agissait
d'immortaliser.
Ces idées et ces doctrines ont des partisans en Espagne
comme ailleurs, mais l'opinion publique de mon pays considéra
comme un affront la protestation dans un pays étranger
contre un jugement émané d'un tribunal espagnol
institué par un gouvernement régulier (...).
Ce qui a attristé et blessé mes compatriotes,
ce n'est donc pas l'exaltation des idées de Ferrer,
mais l'immixion d'un pays ami dans une affaire que l'Espagne
considère comme nationale. Nous avions toujours nourri
l'espérance que la Belgique consentirait un jour à
supprimer le monument, mais c'est de vous, Belges, que nous
désirions cette preuve d'amitié et non de vos
ennemis. Aussi, quand l'envahisseur étranger a témoigné
l'intention de démolir le monument Ferrer, apparemment
pour être agréable à mon pays, mais en
réalité pour créer un conflit entre nous,
alors que l'Espagne soutenait la Belgique outragée,
violée et malmenée, j'ai protesté d'une
façon officielle au nom de mon Gouvernement, en déclarant
aux Allemands que ce que nous pouvions et voulions accepter
des Belges, nous ne pouvions pas le permettre à l'usurpateur
et que l'Espagne ne profiterait jamais des malheurs d'autrui
pour s'assurer des satisfacions dans des affaires pouvant
l'intéresser.
C'est alors qu'en portant ma protestation à la connaissance
de M. l'échevin Lemonnier (...), j'ai suggéré
que nos amis belges pourraient me faire don du monument, non
pour le détruire, mais pour le placer en Espagne".
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