Biografía
Testamento
La Escuela Moderna
• El Monumento
Hist. monum.
Brusel·les

Ple 1931
Ple 1989
Manifest
FiG al Saló de Cent

 
     
1989: Ferrer Guàrdia en el Saló de Cent
 
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Porque había alguna otra cosa, un dring, un tono, que hacía que la gente le rechazase. Hablo de textos de discípulos suyos publicados en momentos de plena libertad, por ejemplo desde Montevideo en 1940. Escritos en los cuales la obra pedagógica de Ferrer Guardia no es precisamente valorada.

Entonces esto te lleva un poco a la convicción que aquel intento, desde el punto de vista pedagógico, es más que discutible. Pero, en cambio, lo que no es discutible es aquella dedicación y aquel entusiasmo que él ponía en esta obra. Y aquí es donde nosotros hemos de entender un poco la complejidad de la vida de las personas, aunque también hemos de entender que no se pueden hacer mitos ni de las personas ni de sus obras.

Algunas veces se quiere simplificar diciendo: buenos y malos. La iglesia pasada de moda, negra y un mundo de ilusiones. No iba por aquí la cosa. Aquí había, entre estas dos visiones, una tercera línea que es la que se impuso el año 1908, con un presupuesto de cultura que honra a esta corporación y honra a este Ayuntamiento. La de una escuela catalana, laica, gratuita y de calidad.

Fue el gran presupuesto de cultura del año 1908: rechazado por la reacción, rechazado por la autoridad impuesta desde Madrid, y rechazado por los sectores más reaccionarios de la iglesia, pero triunfando en 1917, cuando aquí mismo, en este Salón de Ciento, se creó una Comisión de Cultura con representación de todos los partidos políticos de aquel momento. Y quisiera recordar a Hermenegildo Giner de los Ríos, que fue la persona que le dio un gran impulso, y don Lluís Duran Ventosa, de la Liga Regionalista, para hacer una Escuela como era debido, una escuela laica, catalana, gratuita y de calidad.

Esto es por lo que hemos luchado y esto es lo que a la larga se ha impuesto. Es la escuela que ahora tenemos. Es la escuela que intentamos tener nosotros, como es lógico en una ciudad y un país como el nuestro.

No obstante, fijaros que laica no quiere decir antireligiosa. Esta acusación que se hacía es falsa. Yo reconozco que en algunos momentos la actuación de Ferrer Guardia era antireligiosa. Situémonos: las escuelas de 1908 y de 1917 no tenían nada de antireligiosas. Eran escuelas laicas, que quiere decir que no eran confesionales. Era una escuela catalana, de lengua y de contenidos, con una obra extraordinaria, que fue el Patronato, el cual permitía traer de toda España a los mejores maestros que querían enseñar aquí. Y otra cosa: esta escuela era para todos, sin ningún tipo de clasismo. Recuerdo aquí a mis compañeros de estudio ahora presentes en el consistorio, como Marta Mata, hija, Maria Aurèlia Capmany, que, además, recuerda siempre y con veneración el Instituto Escuela de la Generalitat. Sabemos que aquello fue posible y, por lo tanto, era una pugna estéril la que enfrentaba a la Escuela Nueva con la Escuela Moderna. Y repito que yo digo siempre Escuela Moderna por respeto a la memoria de Ferrer Guardia, que no murió gritando: "Visca l’Escola Moderna", sino que dijo "Viva la Escuela Moderna".

Era muy coherente Ferrer Guardia. Yo puedo no estar de acuerdo, pero era muy coherente. Era una persona tan coherente como Companys, cuando moría diciendo: "¡Per Catalunya!". No hubiese tenido coherencia Ferrer Guardia diciendo: "Visca l’Escola Moderna". Como no la habría tenido, Companys, si hubiese dicho: "¡Por Cataluña!".

Yo soy una persona que he respetado siempre no solamente ésta, sino todas las demás lenguas y culturas. Pero, sobre todo, si queremos respetar y queremos recordar la memoria de los que nos han precedido, no hemos de tergiversar ni la obra ni la figura.

Yo recordaría a todo el mundo que quiera –y no es necesario que vaya a las fuentes directamente– que se lea un libro que salió hace unos años, y que no tuvo prácticamente ningún eco quizás porqué era prematuro, del profesor Pere Solà, que se llama Francesc Ferrer i Guardia i l'Escola Moderna, publicado en 1978 por Curial Ediciones aquí, en Barcelona. Quien quiera consultarlo que lo haga; encontrará todos los datos, índice de materias, índice alfabético, todo. Porqué sólo es necesario leer según qué en los periódicos y escuchar según qué por la radio, para ver que hay gente que no se ha mirado absolutamente nada de esta figura, de Ferrer Guardia. Sólo hablan de oídas.

Encuentro, en cambio –y con esto paso al tercer punto, el del recuerdo– muy estimable la iniciativa que tiene la Fundación Ferrer Guardia, en el sentido de intentar que el monumento de Bruselas se instale en la ciudad de Barcelona. Y me parece muy bien que una Fundación que lleva el nombre de Ferrer Guardia lo traiga. Ustedes saben que yo me opuse a que el Ayuntamiento de Barcelona actualizara ciertos acuerdos de 1931, porqué me parece que lo pasarían todos juntos muy mal si comenzásemos a actualizar acuerdos de otras épocas. Creo que es mucho mejor un compromiso público, porque me parece que quien ha de encabezar la iniciativa de instalar en Barcelona un monumento en recuerdo a esta persona, y si se quiere, de la tolerancia y de la libertad de consciencia, es precisamente la Fundación Ferrer Guardia. Particularmente, soy de formación estoica, por lo tanto no creo mucho en monumentos: he visto tantos, desde el Perro Pastor, hasta los que se quiera, que ya estoy curado de espantos. Por esto me parece que no es el buen camino.

Para un maestro el mejor homenaje es el espíritu de la escuela. Y esto sí que tiene un sentido. Si se quiere hacer este monumento, me parecerá muy bien que la Fundación encabece la propuesta, que el Ayuntamiento tramite lo que haga falta, un local, o un terreno, o unas ayudas; lo que sea. Pero no ha de ser un acuerdo del Ayuntamiento, a mi entender.

El Ayuntamiento ha de tener unos criterios sobre cuáles son los monumentos que decide erigir. Y hay muchos otros antes.

A mi entender, si se quiere hablar de lo que pasó en 1909, diría que hubo un personaje sobre el cual repetiré siempre que merece el recuerdo, el homenaje y el agradecimiento de todos los barceloneses que no fuimos capaces, en aquel momento, de ser magnánimos. Este personaje fue Joan Maragall. Comprendí perfectamente que el actual alcalde no pudiese proponerlo, por un malentendido que todos tenemos a veces, porque es de la familia. Joan Maragall ha sido una de las personas que nos honra a todos. Yo pediría que un lugar de estudio, de reflexión, de conocimiento, de este espíritu magnánimo, de Joan Maragall, fuera el mejor recuerdo que nosotros pudiésemos tributarle; como veo muy bien que erijan un monumento a Ferrer Guardia las personas que piensan que éste aportó elementos importantes a la pedagogía. Yo no me apunto, porque lo he estudiado a fondo. Ferrer Guardia fue un buen promotor, un buen difusor. No tenía unos conocimientos pedagógicos fundamentales, la vida no le llevó a poder estudiar, no tuvo la oportunidad como la que ahora nosotros tenemos, y esto debe reconocerse. Fue un promotor, como decía, y un impulsor, pero no un gran pedagogo. Sin su asesinato, la figura de Ferrer Guardia seguro que no sería conocida internacionalmente. Creo, en cambio, que es un deber de todos que su figura y su muerte sean conocidas, para que nunca más no se vuelvan a repetir asesinatos legales como el suyo.

Creo que se ha hecho bien convocando este acto, repito, de conmemoración que no de homenaje, porque este era el acuerdo que habíamos tomado los concejales de este Ayuntamiento. Por lo tanto, creo que la publicación de su obra, los estudios de fondo de su biografía y, sobre todo, el hecho de situarlo en el momento culminante de este final de siglo, es el deber que nos corresponde a todos. Y allá podrán encontrar, entonces, todos aquellos textos que tan bien conoce el profesor Pere Solà, y que yo también conozco por una tradición familiar y de amistad con Pere Vergés, con Pau Vila, con mi padre (que fue inspector de las escuelas radicales), y con la tradición, por la línea materna, de mi abuelo (que debo aclarar, de todas maneras, que era un masón bastante heterodoxo), y de Rossend Arús, buen amigo suyo.

También cabe decir que Joan Maragall no era un admirador de Ferrer Guardia. La prueba es que cuando Joan Maragall tuvo que llevar a sus hijos a la escuela, no los llevó a la Escuela Moderna. Y esto me parece que es un compromiso que la gente toma a la hora de llevar los hijos a la escuela. Lean bien sus artículos y lo verán.

Yo, con las personas que no son coherentes con lo que enseñan, con lo que dicen, no creo. Y en este caso estoy seguro que esta experiencia breve, de 1901 hasta 1906, fue una etapa importante de nuestra historia, pero que para mí, sinceramente, no justifica que el Ayuntamiento de la ciudad le erigiera un monumento. Antes son necesarios otros monumentos, como ya he dicho antes.

En cambio, daré todo el apoyo que sea necesario a la iniciativa que creo que, muy honestamente, ha iniciado la Fundación Ferrer Guardia.

Muchas gracias.

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