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Presentación
La Fundación tuvo la oportunidad de hablar con Borja de
Riquer (Catedrático de Historia Contemporánea de la
UAB) y nos comentó que, precisamente, fue su abuelo, el notario
Ricard Permanyer, quien atendió a Francisco Ferrer en la
redacción de su testamento. Este hecho produjo una fuerte
impresión en una familia de carácter marcadamente
conservador, de manera que aún hoy se habla de esta anécdota.
Fue una buena pista para dar con el testamento; de hecho hacía
tiempo que intentábamos obtenerlo ya que en la versión
íntegra no había podido ser consultado por ningún
historiador. Sol Ferrer, hija pequeña de Ferrer, en su trabajo
"Vida y obra de Francisco Ferrer", cita al notario Permanyer
y confirma este fragmento de historia oral familiar.
Según cuenta Sol, Permanyer le explicó algunos detalles
sobre la actitud de Ferrer horas antes de morir y sobre la redacción
del testamento. Sol Ferrer así lo relata:
"En la capilla, Ferrer encuentra al P. Font, jesuíta
muy conocido, que había asistido durante semejantes velatorios
fúnebres a varios condenados a muerte. Al no querer arrodillarse,
Ferrer debe estar de pie de modo constante. Toda la noche recorre
a paso largo el restringido espacio a su disposición, entre
los religiosos que desgranan sus rosarios. Hasta el último
momento Ferrer se muestra lleno de buen sentido práctico,
sereno, cortés y lógico consigo mismo."
"El Notario Oficial del Ministerio Fiscal, Permanyer, llegó
hacia medianoche. Monárquico y católico ferviente,
era un digno y perfecto caballero. Avisó a Ferrer de que
tendría que evitar toda profesión de fe política
o de otro tipo, sin lo cual el testamento sería considerado
nulo."
"El testamento parece por momentos ponerse a la altura de
un verdadero manifiesto filosófico, aunque Permanyer haya
tenido que intervenir con pesar rogándole eliminase algunas
frases."
"El contacto de estos dos adversarios en el orden político,
puestos en presencia en tales circunstancias, reveló ser
la quintaesencia de las relaciones humanas. Planearon por encima
de los prejuicios establecidos, perdiendo de vista durante estas
horas trágicas las lamentables incomprensiones y los rencores
que dividen a los hombres. Al separarse, se estrecharon la mano
sin una palabra. Actitud digna y noble impregnada de una rara emoción.
Los religiosos que seguían la escena con ojos ávidos
quedaron estupefactos. Se atrevieron más tarde a reprochar
al notario Permanyer esta actitud para con Ferrer, como él
nos lo atestiguó."
Con estos datos iniciamos las gestiones para conseguir una copia
oficial del testamento, tarea nada fácil. La transcripción
que presentamos es la primera que se publica íntegra.
La redacción del testamento empezó a la 12,30 y terminó
a las 4,30; a las 7 de la mañana llegó, para hacerle
compañía, el capitán Francisco Galcerán
Ferrer, su abogado defensor (a quien Ferrer había escogido
por la similitud del nombre entre una terna de militares). Se había
levantado un día lluvioso; a las 9 menos cuarto se llevaron
a Ferrer y a las 9 y un minuto, fue fusilado en uno de los fosos
del Castillo de Montjuïc.
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