| Núm. 1 Primer trimestre
1996 |
|
|
|
La utopía en el asociacionismo progresista
Jorge Carrasco, director de Educación, Manque-Chile
Apariencia versus realidad
La cultura oficial hace denodados esfuerzos para sostener que la
civilización humana ha entrado a un nuevo estadio de desarrollo.
El discurso dominante no se queda sólo en esa figuración
dirigida a moldear la nueva conciencia colectiva; regala además
para el regocijo de desprevenidos e incautos un símbolo
concreto: "la caída del muro". He allí el
hito histórico preciso que marcó el paso definitivo
hacia "promisorios horizontes". Partida de nacimiento
para el pragmatismo emergente, certificado de Defunción para
las utopías decadentes.
La senda iluminada de la "posmodernidad" se abría,
por obra y gracia del maquiavélico reciclaje del superpoder
internacional y de la monopolización de las comunicaciones.
Todo esto, por cierto, aclamado por el delirante discurso de neoliberales,
seudosocialistas y renegados de última hora. Excepto contadas
lucideces, moros y cristianos se adhirieron a la seducción
del majadero argumento del "encuentro global". Sin embargo,
el hormigón pulverizado en el corazón de Berlín
no mejoró al mundo. La legítima aspiración
se estrelló, prontamente, con la irreductible realidad.
Parecería que la globalización sin contrapesos ha
profundizado todavía más las grandes lacras y contradicciones
de la sociedad humana: persisten y se amplían los dramáticos
bolsones de miseria en el Tercer y Cuarto Mundo; continúa
creciendo la sideral distancia entre el mundo desarrollado y el
resto de la humanidad en materia de ingresos per capita, tecnologías,
consumo alimentario y calidad de vida; la depredación ecológica
es cada día más vertiginosa; y, como si este cuadro
fuese poco, han emergido o están latentes graves conflictos
nacionalistas, étnicos y sociales en todos los continentes.
A pesar del afán propagandístico del "fin de
la historia", la temeraria tesis de Fujiyama es incontrastable
con los factores que mantienen a la humanidad en estado perpetuo
de semicolapso. El pretendido "nuevo orden" es como en
el Gatopardo: todo parece cambiar, pero en definitiva, todo se mantiene
inmutable.
El cuestionamiento crítico
Así, los grandes paradigmas del futuro pasan por la brecha
existente entre el mundo real y el mundo aparente. Frente a una
moral obsecuente y acrítica, cuyo soporte es la contemplación
pasiva, debemos contraponer una moral activa y transgresora, cuyo
soporte sea el cambio efectivo. Una nueva ética social comprometida
con la realización plena del Hombre. Aspirar a un orden compatible
con ideales de igualdad, libertad y justicia requiere casi como
condición sine qua non, apostar por la crítica. En
esta lógica, no es la adaptación sino el cuestionamiento
crítico el primer acto de reencuentro con la utopía.
El inexorable advenimiento del tercer milenio nos sitúa,
hoy, en el umbral de una disyuntiva decisiva: o un proyecto de civilización
sometida al poder fáctico de las minorías dominantes
(a escala planetaria) o un proyecto de civilización participativa
sustentada en la humanizacíon efectiva de la vida. En otras
palabras, la encrucijada a dirimir apunta por un lado a la resignación
y, por otro, a la esperanza. Sin duda, la adhesión progresista
pasa por construir espacios donde ejercer una actitud y una conducta
esperanzadora; un "sentido" de pensamiento y acción
orientado a recuperar la utopía como herramienta motivadora
de "lo posible". La diversidad de propuestas contestatarias
fundamentadas en el cuestionamiento crítico nos indica la
necesidad de incorporar la utopía como elemento inherente
del asociacionismo progresista.
Reposicionar el asociacionismo
Es necesario reflexionar sobre el fondo conceptual del asociacionismo.
El hoy maltratado componente utópico es uno de los factores
de mayor validez para redefinir la funcionalidad, propósitos
y métodos del movimiento asociativo, en un marco éticamente
justificado. (Cuestión esencial a la hora de saber si estamos
o no contribuyendo a generar condiciones para un mundo mejor). La
utopía es una fuente de inspiración colectiva fundamental
para abatir el "muro de las mentes" y visualizar horizontes
efectivamente esperanzadores; por ello es necesario reposicionar
en cada evento asociativo y de cooperación, la motivación
utópica extraviada en los vericuetos de un seudopragmatismo,
que no es otra cosa que oportunismo funcional. Sabemos que la fortaleza
del asociacionismo no es simplemente un asunto de cantidad, sino
de convicciones. Por ende, la tarea de sembrar una nueva noción
de lo posible ha de ser permanente.
Asociaos y seréis fuertes
Dirigentes y animadores
Conciencias capaces de transformar la ilusión en realidad
son determinantes para enfocar una pedagogía social innovadora
y eficaz. Es indispensable renovar creativamente los énfasis
formativos. Creo que experiencias como las vuestras Escola
Lliure debieran multiplicarse. En este sentido, particular
importancia tienen los perfiles y competencias de dirigentes y animadores.
Frecuentes experiencias demuestran que la causa del anquilosamiento
de muchas asociaciones radica en quienes, resignados tempranamente,
han abdicado de sus ensoñaciones para convertirse en los
siempre presurosos sepultureros de ideales. El movimiento asociativo
no puede ser rehén, por los siglos de los siglos, del servilismo
funcional de dirigentes acomodaticios.
Es necesario dotar las asociaciones de un espacio democratizador,
activo, decidido e irreverente, que haga remecer los esquemas contemplativos
y asfixie la manipulación. El movimiento asociativo no se
puede situar en la lógica del "establishment" ni
del asistencialismo mesiánico, por el contrario, debe desarrollar
capacidades alternativas a partir del conocimiento y la acción
liberadora del creer y del crear. Debemos incorporar en nuestras
praxis cotidianas la alegría, el ingenio, el optimismo, la
interacción constructiva, socializar activamente el espíritu
participativo.
Instruios y seréis libres
La naturaleza de una propuesta utópica apunta hacia un futuro
en el que los hombres puedan dignificar sus propias existencias;
pero no bastan enunciados principalistas. Es necesario reflejar
vocación propositiva en el tejido social: ser parte del escenario
real. Para el asociacionismo progresista, el soporte inspirador
está en la dimensión individual y social que potencia
al ser humano. Allí encuentra la fuerza una convicción,
que integra el amor para conjugar plenamente la solidaridad, la
justicia y la fraternidad. Amaos y seréis felices (...y perseverar
en el intento).
Seamos realistas...
|