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Núm. 22 Segon trimestre 2001
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Salvador Allende
Extracte del discurs pronunciat a la Gran Lògia de Colòmbia,
el 28 d'agost de 1971
(...) Y si golpeé las puertas de la Resp:. Log:. Progreso
# 4 de Valparaíso, lo hice con la profunda convicción
y teniendo el acervo de los principios masónicos inculcados
en mi hogar y en el hogar de mi padre.
(...) que tengo que recordar también la noche de mi iniciación,
cuando oí por vez primera, en el ritual, que los hombres
sin principios y sin ideas arraigadas, son como las embarcaciones
que roto su timón, se estrellan contra los arrecifes.También
supe que en nuestra Orden no había ni jerarquías sociales
ni fortunas. Por eso desde el primer instante se fortaleció
mi convicción de que los principios de la Orden, proyectados
al mundo profano, podían y debían significar una contribución
al gran proceso renovador y bullente, que buscan los pueblos en
todo el orbe y, sobre todo, los pueblos de este continente cuya
dependencia política y económica acentúa la
tragedia dolorosa de los países en vía de desarrollo.
Por eso, teniendo la seguridad de que la tolerancia es una de las
virtudes más profundas y sólidas, a lo largo de mi
vida masónica, que alcanza ya a los 33 años, planteé
en las planchas masónicas en las diversas logias de mi patria
la seguridad, cierta para mí, de que podía coexistir
dentro de los Templos con mis HH:. , a pesar de que para muchos
era difícil imaginar que lo pudiera hacer un hombre que en
la vida profana públicamente dice que es marxista. Este hecho,
comprendido dentro de las logias, fue muchas veces incomprendido
en mi propio partido. Más de una vez en los congresos del
partido que fundara nada menos que un Ex Serenísimo Gran
Maestro de la Orden Masónica de Chile, Eugenio Matto Hurtado,
se planteó la incompatibilidad entre ser masón y ser
socialista. Es más dura la intolerancia en los partidos políticos.
Yo sostuve mi derecho a ser masón y ser socialista. Manifesté
públicamente en esos congresos, que si se planteaba esa incompatibilidad,
dejaría de ser militante del partido socialista, aunque jamás
dejaría de ser socialista en cuanto a ideas y principios.
De la misma manera, sostuve que el día que en la Orden se
planteara, cosa que no me podía imaginar, la incompatibilidad
entre mi ideario y mi doctrina marxista y ser masón, dejaría
los Talleres, convencido de que la tolerancia no era una virtud
practicada.
(...)
Me interesaba abrir un surco, sembrar una semilla, regarla con el
ejemplo de una vida esforzada para que algún día diera
su fruto esta siembra, no para mí, sino para mi pueblo, para
el de mi patria, que necesita una existencia distinta.
(...)
Si bien es cierto que Chile ha logrado en lo político ser
un país independiente, desde el punto de vista económico
no lo es; y nosotros pensamos que es fundamental alcanzar esa independencia
económica para que sea nuestro país auténticamente
libre en lo político.Y pensamos que es fundamental que ello
se logre, como pueblo, nación o país; así como
es fundamental que el hombre de mi tierra pierda el temor a la vida,
rompa con la sumisión, tenga derecho al trabajo, a la educación,
a la vivienda, a la salud y a la recreación.
Pensamos que el hombre de Chile tiene que vivir el contenido de
palabras tan significativas y que constituyen la tríada de
los fundamentos masónicos:
Fraternidad, Igualdad y Libertad
Hemos sostenido que no puede haber igualdad cuando unos pocos lo
tienen todo y tantos no tiene nada. Pensamos que no puede haber
fraternidad cuando la explotación del hombre por el hombre
es la característica de un régimen o de un sistema.
Porque la libertad abstracta debe dar paso a la libertad concreta.
Por eso hemos luchado. Sabemos que es dura la tarea y tenemos conciencia
de que cada país tiene su propia realidad, su propia modalidad,
su propia historia, su propia idiosincrasia.
(...)
Por eso, con modestia en la dimensión de la realidad, y sabiendo
que en el mundo contemporáneo, más que el hombre,
son los pueblos los que deben ser y son los actores fundamentales
de la historia, busqué la posibilidad de hacer que este pueblo,
el de Chile, tomara conciencia de su propia fuerza y supiera encontrar
su propio camino. No ha habido, por lo tanto, más que un
aporte en lo personal. Han sido las masas populares chilenas, las
mayorías nacionales integradas por campesinos y obreros,
por estudiantes, empleados, técnicos, profesionales, intelectuales
y artistas; han sido ateos y creyentes, masones y cristianos, laicos;
han sido hombres con definición política en partidos
centenarios, como el radical, o sin domicilio político, los
que convergieron en un programa que levantó la voluntad combatiente
de las masas chilenas, para enfrentar al reformismo de la democracia
cristiana y a la candidatura que representaba lo tradicional del
capitalismo del señor Jorge Alessandri. Chile, por lo tanto,
vivió la etapa prolongada y no estéril de los gobiernos
típicamente capitalistas.
(...)
Tampoco niego que ese gobierno, al cual sucede el gobierno del pueblo,
no hiciera avances en el campo económico, social y político;
pero siempre están en pié los grandes déficits
que caracteriza la existencia de pueblos como los nuestros: vivienda,
trabajo, salud, educación.
No hay ningún país en vía de desarrollo que
haya logrado solucionar cualquiera estos rubros esenciales y menos
en este continente donde un vasto sector humano ha sido negado y
desconocido; sean los descendientes de Atahualpa o los hijos de
Lautaro en mi Patria, el heroico arauco, el mapuche, el indio, el
mestizo; han sido y, lamentablemente, a pesar de que dieron la simiente
de nuestra raza, preteridos, postergados y aún negados en
muchos países.
Por eso nuestro combate y nuestra decisión tenían
que ser no un cambio político, no el traspaso del gobierno
de un hombre a otro, sino la entrega de un régimen a un pueblo
que quiere la transformación profunda en lo económico,
en lo político y en lo social.
(...)
Durante más de un año dimos a conocer el programa
de la Unidad Popular integrada por laicos, marxistas y cristianos,
por hombres de la pluma, del arado y del riel. Nadie que lo quiso,
dejó de conocer por qué luchábamos y para qué
luchábamos. Siempre sostuve que era difícil ganar
en las elecciones, que era más difícil asumir el gobierno,
que aún era más difícil construir el socialismo.Siempre
expresé que esa era tarea que no la podía hacer un
hombre o un grupo de partidos, sino un pueblo organizado, disciplinado,
consciente, responsable de su gran tarea histórica, y los
hechos han comprobado lo que yo sostuviera. Fuimos tan combatidos
como en el año 38. Y yo, que he sido varias veces candidato,
tengo la experiencia de hasta qué métodos se recurre
para impedir el avance de los pueblos.
Una impresionante cruzada se gestó en el 69 para diseminar
el pánico de la persecución religiosa, el temor de
que fueran eliminadas las fuerzas armadas de Chile, de que fuese
suprimido el Cuerpo de Carabineros; argumentos sencillos, pero capaces
con su maldad encubierta, de ser asimilados para negarnos los votos
que necesitábamos.
Siempre sostuve que cada país, de acuerdo con su propia
realidad, debía buscar el camino. Por lo tanto, agregué
que, desde el punto de vista teórico, para mí por
lo menos, el foco guerrillero, la insurgencia armada, el pueblo
en armas o las elecciones, eran caminos que podrían elegir
los pueblos dentro de su propia realidad. Yo no tengo ambages en
decirlo.
(...)
Por eso pisamos ese sendero dentro de las leyes de la democracia
burguesa, comprometidos a respetarlas, pero al mismo tiempo a transformarlas,
para hacer posible que el hombre de Chile tenga una existencia distinta
y que Chile sea auténticamente una Patria para todos los
chilenos. Hemos planteado una revolución auténticamente
chilena, hecha por chilenos, para Chile. No exportamos la revolución
chilena, por razones muy sencillas: porque algo sabemos de las características
de cada país. Para exportar democracia y libertad tiene que
haber algunas condiciones que no tienen la inmensa mayoría
de los pueblos latinoamericanos.
(...)
La batalla nuestra es muy dura y muy difícil porque, indiscutiblemente,
para elevar las condiciones de vida de nuestro pueblo, necesitamos
hacer las grandes transformaciones revolucionarias que hieren intereses:
intereses foráneos, el capital extranjero, intereses imperialistas,
intereses nacionales de los monopolios y de la alta banca.
Estamos convencidos de que no podremos derrotar el retraso y la
ignorancia, y la miseria, moral y fisiológica, si no utilizamos
los excedentes que produce nuestra propia economía para sembrarlos
en escuelas, caminos, haciendas trabajadas con técnica moderna,
para hacer posible –repito– el rendimiento en nuestra propia patria,
de lo que legítimamente nos pertenece.
Solo puedo ilustrar, para que se entienda nuestra posición,
el caso de Chile, con el cobre, por ejemplo: riqueza fundamental,
pilar de nuestra economía, representa el 82% del presupuesto
de divisas del país, y nos da el 24% del ingreso fiscal,
(...)
Y esto ha estado manejado por manos que no son chilenas.
La inversión inicial de las compañías americanas
del cobre no superó hace 50 años los 13 millones de
dólares; y a lo largo de estos años han salido de
Chile 3.200 millones de dólares para ir a fortalecer a los
grandes imperios industriales.
En estas condiciones, ¿cómo podemos progresar?¿Cómo
un pueblo que tiene las más grandes reservas de cobre del
mundo y la más grande mina del mundo que es Chuquicamata,
no puede controlar ni los precios, ni los niveles de producción,
ni los mercados, cuando la variación en un centavo en el
precio de la libra de cobre representa un mayor y nuevo ingreso
para Chile de 12 millones de dólares?¿Cómo es posible,
que ese que yo he llamado con razón el sueldo de Chile, sea
manejado por manos que no son chilenas?
Yo declaro que en esta actitud nuestra de rescate de nuestras riquezas
fundamentales no hay, QQ:. HH:., una actitud ni discriminatoria
ni contraria a los pueblos.
Respetamos a los Estados Unidos como nación; sabemos su historia
y comprendemos perfectamente bien la frase de Lincoln cuando dijo:
"Esta nación refiriéndose a su patria –es mitad esclava
y mitad libre". Esa misma palabra, esa misma frase, puede aplicarse
a nuestros pueblos aparentemente libres pero esclavos en la realidad
moderna.
Por eso hemos luchado y por eso somos combatidos. He puesto el
ejemplo del cobre y podría hablar del hierro, del acero,
del carbón y del salitre, y podría hablar de la tierra.
En un país que puede alimentar a 20 millones de habitantes
o más, se tiene que importar todos los años carne,
trigo, grasa, mantequilla y aceite, por un valor superior a los
180 o 200 millones de dólares.
(...)
En estas condiciones tampoco podría estar ausente de la mente
nuestra, la necesidad de un profunda reforma agraria, que es parte
del proceso de desarrollo económico de un país, y
que no es sólo el cambio de propiedad de la tierra sino la
elevación del nivel intelectual y moral del trabajador de
la tierra.
(...)
Hemos querido efectivamente que el trabajador de la tierra sea el
que tenga derecho también a comer lo que la tierra produce.
Y yo, que soy médico, y que he sido cinco años presidente
del Colegio Médico de Chile, siendo combatiente senador socialista,
que sé lo que es la vida gremial, y que puedo decir con satisfacción
a mis hermanos que los médicos de mi patria me respetaron
y me respetan, puedo señalar con dolor chileno, lo que seguramente
también pasa en otros pueblos: 600.000 niños de mi
patria, Serenísimo Gran Maestro, que ha alcanzado el nivel
político que he mostrado aquí, son retrasados mentales,
porque no recibieron proteínas en los primeros seis meses
de su existencia.
Frente a estas realidades no cabe el conformismo. Frente a este
panorama cabe la explicación en el mundo profano de los principios
que a mí me enseñaron y aprendí en la Orden.
Por eso he combatido, y por eso, no en lo personal, sino en función
de vocero de un pueblo, soy Presidente de mi Patria, para cumplir
sin vacilaciones el programa que levantará la frente al pueblo;
porque tengo un compromiso ante mi conciencia, y es un compromiso
de un masón frente a la conciencia de un masón, y
tengo un compromiso con la historia y tengo un compromiso con mi
Patria.
Esto va significar represalias. Herir intereses es duro, y que
esos intereses se defienden, lo sabemos y ya lo estamos viendo.
Pero, ¿hasta dónde los pueblos de este continente van a aceptar
que seamos manejados por control remoto?
Durante 20 años se ha hablado del Fondo Monetario Internacional,
de la convertibilidad de la moneda en oro. Y de la noche a la mañana,
cuando le interesa al país hegemónico, se cambian
las reglas del juego y se golpean nuestras débiles economías.
(...)
¿Hasta cuándo no vamos a ver nosotros que tenemos derecho
a trazar nuestro propio camino, a recorrer nuestro propio sendero,
a tomar las banderas libertarias de los próceres de este
continente para convertirlas en realidad, porque esa es la tarea
que nos entregaron?
Si eso es ser revolucionario, yo lo soy, pero si eso es ser masón,
también sostengo que lo soy.
(...)
Por eso sostengo que frente al clima artificial creado antes o durante
la elección, seguirán hechos mucho más duros,
que tenemos que confrontar.
Pero, si hay gobernantes o gobiernos que creen que es legítimo
defender los intereses de unos pocos, por muy grandes que sean,
yo sostengo el derecho a defender el interés de mi pueblo
y de mi Patria frente a los intereses de unos pocos. Si alguien
piensa que, a estas alturas de la vida, la amenaza material puede
doblegar a los pueblos, se equivoca. Estados Unidos tiene que aprender
la lección de Vietnam. Y la lección de Vietnam es
una lección para todos los países pequeños,
porque es la lección del heroísmo y la dignidad.
(...)
Es por eso que ésta es nuestra lucha, y es por eso que uso
este lenguaje que es un lenguaje de claridad, como es la obligación
de hacerlo frente a mis Hermanos. Es una lucha frontal que no sólo
será en Chile; que está dándose en todas partes
del mundo, porque vivimos el minuto trascendente en que los viejos
sistemas crujen, y es obligación nuestra mirar con ojos abiertos
lo que va a ocurrir mañana, para analizar si somos capaces
de encontrar los cauces que permitan a las grandes masas continuar
un camino que no sea el de la violencia innecesaria y del costo
del capital elevado.
Yo lo he dicho en mi país, y lo repito aquí en el
seno de los Hermanos de Colombia: yo no soy una represa, pero sí
soy el cauce para que el pueblo pueda caminar con la seguridad de
que sus derechos serán respetados.
No pueden detenerse las avalanchas de la historia. No pueden las
leyes represivas calmar el hambre de los pueblos.
Transitoriamente podrán aplazarse algunos años; y
quizá hasta una generación, pero tarde o temprano
se rompen los diques y la marea humana inunda, pero esta vez con
violencia –y a mi juicio justa– porque también su hambre
y sufrimiento son más que milenarios en algunas partes, y
centenarios, por lo menos en nuestro continente.
Si viejas instituciones como la iglesia ven transformarse el contenido
de su propia existencia; si los obispos reunidos en Medellín
hablan un lenguaje que pudiera haber sido revolucionario hace 5
o 10 años atrás, es porque comprenden que el verbo
de Cristo tienen que recuperarlo para que la iglesia se salve como
Institución, porque si la ven siempre comprometida con los
intereses de unos pocos, nadie va a creer mañana en la verdad
de la enseñanza del que la dio: el Maestro de Galilea, considerado
por mí, por lo menos como hombre.
Es por eso que yo pienso y sueño. Sueño en la noche
de la iniciación, cuando recordaba estas palabras: que los
hombres sin ideas arraigadas y sin principios, son como las embarcaciones,
que perdido el timón, encallan en los arrecifes.
Yo quiero que los Hermanos de Colombia sepan que no voy a perder
el timón de mis principios masónicos.
Es más difícil hacer una revolución en que
no haya costo social y es duro estrellarse contra poderosos intereses
internacionales y poderosos intereses nacionales. Pero lo único
que quiero es llegar mañana, cumplido mi mandato, y entrar
por la puerta de mi Templo, como he entrado ahora siendo Presidente
de Chile.
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