Núm. 14 Segon trimestre 1999

El tiempo raro
Jordi Brotons

Donde se abren los silencios, en los arrabales de tu suerte,
ahora que he aprendido,
cocino el pasar de los días cotidianos
–los lunes son lunes y los martes martes–
los viernes tranquilos y los amigos lo demás.

Simplemente humea el sol cada mañana en la cafetera.

Os recuerdo llegados por batalla
contra los arañazos de la soledad injusta,
cuando se tiene por no querer y el alma se cansa en nada.
Me parece mentira haber pasado estos años,
encontramos justo ahora entregados a dar consejo
ahora que he aprendido
de como deben ser mis lentos latidos de soledad.

Tú me has dicho:
las palabras son silencios que se abren.
Menos mal,
así voy salvando mi banalidad nacida del lúcido duermevela.

Llueve ceniza de recuerdos (en cada cena)
y también el vino va abriendo silencios.
Es el tiempo de las primeras obras
y las obras van anclando nuestro tiempo.

El tiempo raro
de felicidad triangular lo he llamado
–no sé qué os parece–
ceniza de la felicidad quieta.
Exitus, fin del movimiento llegados al manso lago
del río de pensamientos explorados.
Fruir de la cordura hedonista del ave loca
que aliña nuestras vidas.

No recuerdo otros años
donde el imaginar la vida fuera más intenso que el suceder de la vida misma,
donde el escribir el destino presidiera el azar parado.

No pasa nada,
mientras,
oís el quejido de mi sombra que se resquebraja
al trotar del deseo en los arrabales de tu suerte.

Simplemente, humea el sol cada mañana en la cafetera.